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Superislas es un proyecto de ciudad —ideado por el Ayuntamiento de Barcelona, en colaboración con la Agencia de Ecología Urbana—, que pretende impulsar la movilidad sostenible, el uso intensivo del espacio público, la biodiversidad, una cohesión social que favorezca la participación ciudadana, reducir la huella ecológica y, en definitiva, destacar la dimensión humana de la ciudad, potenciando una nueva organización urbana en cinco macroáreas especialmente seleccionadas para el experimento.

¿Qué es una superisla?

Se trata de una unidad territorial más pequeña que un barrio pero mayor que una isla o manzana de casas, con calles pacificadas donde se están haciendo actuaciones urbanísticas y medioambientales. Son vecindarios compactos y eficientes, que revierten positivamente en la vida de los barceloneses y las barcelonesas, y que son autosuficientes desde un punto de vista energético. El objetivo es mejorar la calidad y condiciones de vida de las personas que viven en ellas, con una gestión racional de los recursos naturales y del espacio público a través de una participación activa de todos los agentes, y combatiendo la desigualdad y la exclusión social.

1. Una movilidad más sostenible: Integrando la nueva red ortogonal de autobuses y de Bicing de acuerdo con el Plan de Movilidad Urbana de Barcelona, fomentando los desplazamientos en bicicleta y a pie y mejorando la distribución de mercancías a la vez que se reducen los ruidos y las emisiones.

2. Revitalizar el espacio público: Pacificando las calles, incrementando los espacios de ocio y promocionando nuevos usos de este.

3. Fomentar la biodiversidad y el verde urbano: Mejorando el arbolado viario, favoreciendo microhábitats para atraer pájaros y aumentando la vegetación a través de nuevos espacios comunitarios.

4. Fomentar el tejido social y la cohesión: Garantizando equipamientos de proximidad adecuados, fomentando las actividades productivas que generan empleo y velando por la inclusión social.

5. Impulsar la autosuficiencia en el uso de los recursos: Reduciendo el consumo, produciendo energía renovable, reduciendo la demanda de agua potable y aprovechando las aguas grises y fluviales.

6. Integrar los procesos de gobernanza: Implicando a la ciudadanía en la definición de los proyectos y en el desarrollo de acciones.

Las cinco superislas se han dibujado en Les Corts, en Hostafrancs, en L’Eixample, en torno a Glòries y en el Poblenou.

Una de las superislas más avanzadas es la de Les Corts, delimitada por la travesía, la Gran Vía de Carles III, la avenida de Madrid y la Riera Blanca. En esta área ya se ha actuado en el espacio público con microurbanizaciones, en torno a la calle de Benavent. También se está ultimando la puesta en marcha de un cruce con los semáforos inteligentes.

Las otras superislas se sitúan en Hostafrancs (entre la calle de Tarragona, el eje Creu Coberta-Sants y la estación de Sants), en L’Eixample (el espacio delimitado por las calles de París, Tarradellas-Tarragona, Gran Vía y Urgell-Calàbria), la nueva plaza de las Glòries (calles de Aragó, Los Castillejos, Tànger y Badajoz-Independència) y en el Poblenou (espacio delimitado por las calles de Bilbao, Pallars, la Llacuna y Tànger y la avenida Diagonal).

Pero no todo es felicidad.

En los pocos días que la superisla lleva en funcionamiento se han producido diversos problemas, provocados algunos de ellos por la falta de información de los vecinos y de los que desarrollan sus actividades en la zona.

Los vecinos se quejan primordialmente de los cortes de circulación que se han provocado, la pérdida de aparcamiento y el traslado de paradas de autobuses.

Por su parte, los comerciantes se quejan de que los cambios y las complicaciones de tráfico a la hora de acceder a sus negocios les puedan acabar afectando, mientras algunos de sus clientes ya han sido multados por confusiones a la hora de aparcar.

Además, esa zona de Poble Nou tiene poca población y es más bien un lugar industrial, sin mucha salida como espacio de ocio fuera de algunos establecimientos de entretenimiento más bien “alternativo”.

Conclusión:

Es cierto que esta superisla se plantea como una prueba piloto y es susceptible de cambios pero, de cara a la galería y a los usuarios futuros de otros espacios similares en otras zonas de la ciudad, las medidas tomadas y el descontrol posterior no generan de partida un buen ambiente de recibimiento por una gran parte de la población.

El urbanismo sostenible ha de ser inclusivo, para todos los ciudadanos y no sólo para una parte de ellos (los a veces calificados como alternativos, hipsters, perroflautas, etc.).

Y no consiste meramente en cerrar al tráfico unas calles, pintar los cruces con figuritas y las aceras con circulitos de colores, colocar árboles en unas macetas o poner púlpitos desde los que dar discursos, sino que va mucho más allá.

El Ayuntamiento lo sabe y redacta extensos y profundos informes de diagnóstico de las zonas (el de Poble Nou no parece disponible en la web, pero podemos ver, a modo de ejemplo, el del distrito de Sants) a partir de los cuales, y junto a las opiniones de los grupos de interés recabadas en reuniones y talleres, realizar su plan.

Pero por las razones que sea el plan no se ha ejecutado con éxito, sino que parece que se ha quedado en lo mencionado en los párrafos anteriores y además con mucha polémica.

En consecuencia, se van a realizar diversos ajustes en la zona y el director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona ha tenido que salir en defensa del proyecto.

No es desde luego una empresa fácil porque además choca con la inherente resistencia al cambio que tenemos los humanos.

El tiempo dirá si éste ha sido el primer paso de una serie de actuaciones futuras exitosas o si ha sido un proyecto fracasado.

 

Fuentes: http://smartcity.bcn.cat/es/superislas.html y http://www.compromisoempresarial.com/rsc/2016/10/urbanismo-sostenible-la-superisla-de-la-discordia/

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